¿Por qué salen úlceras en las piernas y qué hacer?

¿Por qué salen úlceras en las piernas y qué hacer?

Una herida en la pierna que no cierra en dos o tres semanas no debe tratarse como un problema superficial. Cuando un paciente busca por qué salen úlceras en piernas, la respuesta exige identificar si existe una alteración venosa, arterial, diabética, inflamatoria o infecciosa detrás. La lesión visible es el resultado final de un problema de circulación, oxigenación y reparación tisular que puede comprometer la movilidad e incluso la extremidad.

Una úlcera es una pérdida de tejido de la piel que persiste porque el organismo no consigue reparar la zona al ritmo adecuado. El tratamiento eficaz no consiste únicamente en aplicar cremas, antibióticos o vendajes. Requiere determinar por qué el tejido ha dejado de recibir el retorno venoso, el flujo arterial, la sensibilidad nerviosa o el soporte metabólico necesarios para cicatrizar.

Por qué salen úlceras en las piernas: las causas principales

La causa más frecuente son las úlceras venosas, asociadas a insuficiencia venosa crónica avanzada. Las válvulas de las venas de las piernas dejan de cerrar correctamente y permiten que la sangre retroceda o se acumule. Esta presión venosa sostenida provoca inflamación, salida de líquido hacia los tejidos, alteraciones de la piel y, finalmente, una herida que suele aparecer cerca del tobillo.

No todas las úlceras son venosas. Confundirlas puede retrasar el diagnóstico y conducir a tratamientos inadecuados. Las causas más relevantes son las siguientes:

  • Enfermedad venosa crónica: suele acompañarse de varices, pesadez, hinchazón al final del día, picor, pigmentación marrón en la piel o endurecimiento de la zona alrededor del tobillo.
  • Enfermedad arterial periférica: ocurre cuando las arterias no aportan suficiente sangre oxigenada. Se relaciona con tabaco, diabetes, hipertensión, colesterol elevado y enfermedad renal, entre otros factores. Las heridas pueden aparecer en dedos, pie, talón o zonas de presión y tienden a ser dolorosas.
  • Diabetes y neuropatía: la pérdida de sensibilidad permite que una rozadura, una presión repetida del calzado o una pequeña lesión pasen inadvertidas. Si además existe mala circulación o glucosa elevada de forma persistente, la cicatrización se deteriora de manera significativa.
  • Presión mantenida o inmovilidad: en personas con movilidad limitada, una presión constante sobre talones u otras prominencias óseas puede lesionar tejidos profundos antes de que la piel muestre una herida evidente.
  • Inflamación, infección o enfermedades menos frecuentes: algunos trastornos autoinmunes, hematológicos, dermatológicos o infecciosos también producen úlceras. Son menos habituales, pero deben considerarse cuando la evolución o el aspecto de la lesión no encajan con un problema vascular típico.

La coexistencia de causas es frecuente. Por ejemplo, una persona con diabetes, varices y sobrepeso puede presentar un componente venoso, arterial y metabólico al mismo tiempo. Esta es la razón por la que clasificar una lesión solo por una fotografía o por su aspecto externo no es suficiente.

El mecanismo de fondo: no es solo una herida

En la insuficiencia venosa, el problema inicial es hemodinámico. La presión elevada dentro de las venas pequeñas altera la microcirculación: llegan menos nutrientes a las células, aumenta la inflamación local y el tejido se vuelve progresivamente más vulnerable. La piel puede pasar de verse reseca o pigmentada a presentar eczema, endurecimiento y una pérdida de continuidad que ya no cicatriza por sí sola.

En la enfermedad arterial, el mecanismo es distinto y potencialmente más urgente. La sangre que llega por las arterias no cubre la demanda de oxígeno del tejido. Una lesión mínima puede evolucionar hacia necrosis o gangrena si el flujo es insuficiente. En estos casos, colocar compresión sin conocer el estado arterial puede ser perjudicial.

La diabetes añade un problema sistémico. La glucosa elevada favorece daño nervioso, inflamación persistente, alteración de los pequeños vasos y mayor susceptibilidad a la infección. También influye el estado nutricional, la masa muscular, el control del peso, el sueño, el tabaquismo y la capacidad de mantener una actividad física adecuada. Corregir el entorno metabólico no sustituye el tratamiento vascular, pero sí condiciona la cicatrización y la prevención de recidivas.

Cómo orienta la localización de la úlcera

La zona de la lesión ofrece pistas clínicas útiles, aunque no establece por sí sola el diagnóstico. Las úlceras venosas suelen localizarse en la parte interna de la pierna, sobre todo alrededor del maléolo o tobillo interno. Pueden ser exudativas, de bordes irregulares y acompañarse de edema o cambios cutáneos crónicos.

Las úlceras arteriales aparecen con mayor frecuencia en dedos, borde externo del pie, talón o zonas distales. A menudo son más profundas, con bordes definidos, y el pie puede sentirse frío o mostrar palidez. El dolor puede empeorar al elevar la pierna o durante el reposo nocturno.

En el pie diabético, la herida se localiza habitualmente bajo la planta, en dedos o en áreas de apoyo sometidas a presión repetida. La ausencia de dolor no es tranquilizadora: puede indicar neuropatía. Una úlcera que no duele en una persona con diabetes exige una valoración prioritaria.

Señales que requieren valoración vascular urgente

No conviene esperar a que la herida crezca, huela mal o limite la marcha. Una evaluación rápida es especialmente necesaria si existe dolor intenso, pie frío, coloración violácea o negra, fiebre, pus, enrojecimiento que avanza, inflamación súbita de una pierna o malestar general.

También debe valorarse con prioridad una herida en cualquier persona con diabetes, enfermedad renal, antecedentes de trombosis, revascularización previa, tabaquismo activo o pérdida de sensibilidad en los pies. En estos perfiles, una lesión pequeña puede evolucionar con rapidez y requerir tratamientos más complejos si se retrasa la intervención.

No intente retirar tejido oscuro, cortar callos profundos ni aplicar remedios irritantes. Tampoco es recomendable iniciar medias de compresión por cuenta propia si no se ha descartado una enfermedad arterial relevante. La compresión es una herramienta muy eficaz en la úlcera venosa bien diagnosticada, pero no es una solución universal.

El diagnóstico que cambia el tratamiento

Una valoración rigurosa comienza con la historia clínica, exploración de la piel, pulsos, sensibilidad, temperatura y patrón de edema. El siguiente paso suele ser una evaluación hemodinámica con ultrasonido Doppler en Monterrey, capaz de estudiar en tiempo real el flujo de venas y arterias, detectar reflujo venoso, obstrucciones, trombosis o datos de insuficiencia arterial.

Este estudio permite responder preguntas decisivas: ¿la sangre retorna correctamente?, ¿hay una vena enferma que mantiene la presión elevada?, ¿la herida recibe flujo arterial suficiente?, ¿existe una combinación de problemas? Resolver estas cuestiones en la misma consulta evita tratamientos genéricos y permite diseñar una estrategia precisa.

En casos seleccionados pueden requerirse mediciones adicionales de perfusión, estudios de laboratorio, cultivo de la herida si hay sospecha clínica de infección, valoración metabólica y pruebas de imagen complementarias. El objetivo no es acumular estudios, sino obtener la información necesaria para proteger el tejido viable y facilitar una cicatrización real.

Tratamiento: cerrar la úlcera y corregir la causa

El cuidado local de la herida es necesario, pero rara vez basta. Incluye limpieza adecuada, control del exudado, elección técnica de apósitos, desbridamiento cuando está indicado y vigilancia estrecha de infección. Sin embargo, el plan debe actuar sobre el origen.

Si la causa es venosa, el tratamiento puede integrar compresión correctamente indicada y procedimientos dirigidos a eliminar el reflujo de venas enfermas. Si predomina un problema arterial, la prioridad es recuperar o mejorar el aporte sanguíneo mediante una estrategia médica, endovascular o quirúrgica según la anatomía vascular y el riesgo de cada paciente.

En el pie diabético, descargar los puntos de presión es tan relevante como controlar infección, circulación y glucosa. Un calzado inadecuado o continuar caminando sobre una zona ulcerada puede neutralizar cualquier tratamiento. En todos los escenarios, dejar el tabaco, optimizar el control glucémico, revisar la nutrición y recuperar movilidad segura son medidas que influyen en la capacidad de reparación del organismo.

El seguimiento es parte del tratamiento. Una úlcera puede cerrarse y reaparecer si persiste el reflujo venoso, la isquemia arterial, la neuropatía o el factor de presión que la provocó. Por eso, la meta clínica no es únicamente conseguir que la piel cierre, sino reducir de forma objetiva el riesgo de recaída y de complicaciones mayores.

En el Área Metropolitana de Monterrey, el Dr. Riky Luis Pérez Lucas realiza una valoración desde el criterio de un Angiólogo y Cirujano Vascular en Monterrey con doble especialidad en Cirugía General y Angiología, Cirugía Vascular y Endovascular. La consulta presencial en Hospital Cumbres CHRISTUS MUGUERZA y Hospital Nogalar permite integrar exploración clínica y Doppler para definir el origen de la lesión sin demoras innecesarias.

Una herida persistente no debe normalizarse ni cubrirse indefinidamente. Agende su evaluación vascular y diagnóstico Doppler en una sola sesión para establecer un plan dirigido a la causa de la úlcera y a la preservación de su movilidad.

Sobre el autor

Dr. Riky Luis Pérez Lucas, especialista en Angiología, Cirugía Vascular y Cirugía General. Médico con doble especialidad, dedicado al diagnóstico, prevención y tratamiento integral de las enfermedades del sistema circulatorio, con un enfoque ético, humano y sustentado en rigor científico.

Descargo de responsabilidad legal: Este contenido es informativo y educativo. No sustituye una consulta médica profesional, una exploración física ni un diagnóstico individualizado.

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