Una cirugía de várices no debería dejarle con la misma limitación, pesadez o dolor incapacitante que tenía antes del procedimiento. Si se pregunta: ¿por qué me sigue doliendo la pierna si ya me operaron de várices?, la respuesta no es única. Puede tratarse de una fase normal de recuperación, pero también de una vena enferma que no fue identificada, una complicación que exige atención o un problema no venoso que se atribuyó incorrectamente a las várices.
El punto decisivo es no asumir que todo dolor posterior a una intervención es “parte del proceso”. El diagnóstico debe confirmar qué ocurre con la circulación venosa profunda y superficial, y descartar condiciones que requieren tratamiento oportuno.
¿Por qué sigue doliendo la pierna tras una operación de várices?
La causa depende del tipo de procedimiento realizado, la extensión de la enfermedad venosa antes de operar, el tiempo transcurrido y las características del dolor. No es igual una molestia localizada sobre el trayecto de una vena tratada durante la primera semana que una pierna cada vez más hinchada, caliente y dolorosa meses después.
Recuperación inflamatoria normal
Después de una ablación con láser o radiofrecuencia, una flebectomía, una escleroterapia o una cirugía convencional, es habitual sentir tirantez, sensibilidad al tacto, ardor leve, moretones y zonas endurecidas. La vena tratada genera una respuesta inflamatoria controlada mientras se cierra y el organismo la reabsorbe progresivamente.
En muchos pacientes, estas molestias disminuyen de forma clara durante las primeras dos a cuatro semanas. Algunos nódulos firmes o pigmentación pueden tardar más en resolverse. Caminar, utilizar compresión cuando fue indicada y seguir las instrucciones postoperatorias favorece una recuperación ordenada.
Sin embargo, el dolor no debe intensificarse, impedir la marcha, acompañarse de fiebre o producir un aumento marcado de volumen en una sola pierna. Esos datos cambian la prioridad clínica.
Persistencia o recurrencia del reflujo venoso
Operar una vena visible no siempre equivale a corregir toda la enfermedad venosa. Las várices son la manifestación externa de un problema hemodinámico: válvulas venosas que ya no cierran adecuadamente y permiten que la sangre retroceda por efecto de la gravedad. Ese reflujo eleva la presión en los tejidos de la pierna y favorece pesadez, edema, calambres, cambios de coloración y dolor.
Puede persistir dolor si una fuente de reflujo no fue tratada, si existen venas perforantes incompetentes, si hay ramas accesorias relevantes o si se han desarrollado nuevas vías venosas con el tiempo. También puede ocurrir recanalización parcial de una vena previamente cerrada, aunque no es la explicación más frecuente en todos los casos.
La decisión no debe basarse solo en la apariencia de la piel. Una evaluación hemodinámica con ultrasonido Doppler en Monterrey permite ver el flujo en tiempo real, localizar el reflujo, medir su relevancia y definir si existe una causa vascular corregible.
Flebitis superficial, hematoma o irritación de nervios cutáneos
Una vena endurecida, sensible y con enrojecimiento limitado puede corresponder a flebitis superficial. Suele requerir valoración para establecer su extensión y distinguirla de problemas venosos profundos. Un hematoma también puede provocar presión y dolor localizado, sobre todo tras extracciones de várices de mayor calibre.
En ciertas intervenciones puede irritarse un nervio cutáneo cercano. El paciente lo percibe como ardor, hormigueo, descargas eléctricas o alteración de la sensibilidad en una zona específica. Con frecuencia mejora gradualmente, pero debe documentarse y vigilarse, en particular si el dolor neuropático es intenso o persistente.
Trombosis venosa profunda: la complicación que no debe omitirse
La trombosis venosa profunda ocurre cuando se forma un coágulo en venas profundas. No todo dolor después de una cirugía venosa significa trombosis, pero tampoco debe descartarse por intuición o por una exploración visual rápida.
Los signos que justifican una valoración prioritaria incluyen aumento súbito de volumen en una pierna, dolor profundo en pantorrilla o muslo, calor, enrojecimiento, endurecimiento inusual o falta de aire. La dificultad respiratoria, dolor torácico, desmayo, palpitaciones o tos con sangre requieren atención de urgencia inmediata.
El ultrasonido Doppler venoso es el estudio central para confirmar o descartar un coágulo y evaluar su extensión. Esperar a que “se pase solo” no es una estrategia aceptable cuando existe sospecha clínica.
El dolor puede no venir de las venas
Un resultado vascular técnicamente adecuado no elimina otras causas de dolor en la pierna. Es frecuente que una persona tenga insuficiencia venosa y, al mismo tiempo, patología lumbar, desgaste de rodilla o cadera, lesión muscular, compresión nerviosa, alteraciones tendinosas, linfedema o enfermedad arterial periférica.
La diferencia está en el patrón. El dolor venoso suele asociarse con pesadez, cansancio, hinchazón al final del día y mejoría al elevar las piernas o caminar. El dolor arterial aparece con el esfuerzo y puede obligar a detenerse, mientras que el dolor de origen nervioso tiende a quemar, irradiarse o acompañarse de adormecimiento. Ningún síntoma aislado confirma el diagnóstico.
En pacientes con diabetes, tabaquismo, colesterol elevado, hipertensión o enfermedad renal, también debe evaluarse el componente arterial. La prioridad es preservar una extremidad funcional, no limitar la consulta a una explicación estética de las venas superficiales.
Qué debe incluir una revisión vascular bien planteada
Un abordaje resolutivo inicia con precisión: qué procedimiento se realizó, qué segmento venoso fue tratado, cuándo empezó el dolor, si existe edema, qué medicamentos se toman y cómo han evolucionado los síntomas. Los antecedentes de trombosis, cirugías previas, embarazo, obesidad, inmovilidad y enfermedades metabólicas también modifican el riesgo y la interpretación.
El siguiente paso es una exploración vascular completa y un Doppler dirigido. No se trata solo de “ver las várices”. El estudio debe valorar permeabilidad de venas profundas, presencia de trombos, reflujo en safenas y tributarias, venas perforantes, cambios posteriores al tratamiento y, cuando el cuadro lo exige, el estado arterial.
Esta información evita dos errores frecuentes: realizar procedimientos adicionales sin conocer el origen del problema o asumir que cualquier dolor residual confirma fracaso de la cirugía. A veces se necesita tratamiento complementario; otras veces, compresión temporal, control de inflamación, movilización supervisada o atención de una causa ortopédica o neurológica.
Qué puede hacer mientras es valorado
Si no hay señales de alarma y su cirujano no le indicó reposo, mantenga caminatas breves y frecuentes. La inmovilidad prolongada favorece inflamación y estancamiento venoso. Utilice la media de compresión únicamente conforme a la indicación recibida y evite automedicarse con anticoagulantes, antibióticos o antiinflamatorios sin una revisión médica.
Registre cuándo aparece el dolor, qué lo mejora, si existe aumento de volumen y si cambia el color o la temperatura de la piel. Estos datos, junto con el ultrasonido Doppler, permiten tomar decisiones clínicas más eficientes que una evaluación basada exclusivamente en la percepción de dolor.
Para pacientes que necesitan una segunda valoración, un Angiólogo y Cirujano Vascular en Monterrey puede integrar el criterio hemodinámico y quirúrgico desde la primera consulta. El Dr. Riky Luis Pérez Lucas realiza atención presencial en Hospital Cumbres CHRISTUS MUGUERZA y Hospital Nogalar, con evaluación Doppler orientada a identificar la causa antes de indicar otro tratamiento.
No normalice un dolor que persiste, progresa o cambia de patrón después de tratar sus várices. Agende su evaluación vascular y diagnóstico Doppler en una sola sesión para definir con certeza qué está ocurriendo y cuál es el siguiente paso razonable.
Sobre el autor
Dr. Riky Luis Pérez Lucas es especialista en Angiología, Cirugía Vascular y Cirugía General. Es médico con doble especialidad en Cirugía General y en Angiología y Cirugía Vascular, dedicado al diagnóstico, prevención y tratamiento integral de las enfermedades del sistema circulatorio, con soluciones éticas, humanas y sustentadas en rigor científico.
Descargo de responsabilidad legal: Este contenido tiene fines informativos y educativos. No sustituye una consulta médica profesional, una exploración física ni los estudios diagnósticos indicados para cada caso.